miércoles, 29 de febrero de 2012

CURSO DE KARAOKE - PRÁCTICA N° 16:"PROPIEDAD PRIVADA" VALS PERUANO.

EL HIMNO DE LA CONFIEP (CONFEDERACIÓN NACIONAL DE INSTITUCIONES EMPRESARIALES PRIVADAS DEL PERÚ)


CANCIÓN "BANDIDO" DE ALBERTO PLAZA. CANTA EL BLOGGER ALFREDO GUERRÓN.


domingo, 26 de febrero de 2012

CANCIÓN: "TRULY". CANTADA POR EL BLOGGER ALFREDO GUERRÓN.


"NO PENSÉ ENAMORARME OTRA VEZ". CANTA EL BLOGGER ALFREDO GUERRÓN.


CUENTO CORTO: ¡SALUD PARA TODOS¡ DE ALFREDO GUERRÓN.

Alberto recibió la llamada de su amigo Carlos y éste lo invitó a visitar por la tarde a una de sus farmacias, una más de su cadena de establecimientos comerciales dedicados a ese rubro, que poseía en Lima. Conversarían al frío de unos whiskies. Convinieron para las 3 de la tarde. Alberto apagó el televisor, se duchó y se dispuso a salir. Mariella su esposa le preguntó, a dónde vas, y él le dijo la verdad. Salió en su auto, puso un disco compacto de Joaquín Sabina, se escuchó la canción “Más de cien mentiras” y enfiló por varias calles. Lima le pareció distante y aburrida.
Por fin llegó. Se acercó a la farmacia y la vió imponente. Estaba ubicada en el distrito de San Borja, donde moraban personas de clase alta. Lo vió a Carlos y se saludaron efusivamente. Carlos estaba feliz de lo bien que le iba en los negocios y en su vida de casado. Alberto le dijo que tenía su último libro de cuentos en imprenta y que tenía fundadas esperanzas de que le iba a gustar a la gente. Lo invitó a pasar a una oficina de lunas polarizadas que ubicada discretamente en un extremo del ambiente de la farmacia, permitía dominar el escenario y controlar la marcha del negocio. Se sentaron en unas sillas cómodas muy altas frente a una mesa, muy alta también y Carlos sirvió dos whiskies para empezar y presentó unos bocaditos.
En eso Carlos le dice, Alberto, ves a ese viejito que viene hacia acá, es Don Andrés. Entonces Carlos juntó sus manos tiernamente, tratando de atrapar a Dios, y le dijo, yo le pido a Dios que Don Andrés no se muera nunca. Alberto conmovido por la extraña y piadosa confesión, aunque quedaba la duda de etiquetarla además de sarcástica, le preguntó sonriendo, porqué. Y Carlos le comentó, cholo, Don Andrés es un jubilado. Debe ganar al mes unos 900 nuevos soles de Perú (unos 300 dólares). Y lo increíble es que su día de pago, que generalmente está programado dentro de la primera quincena de cada mes, cobra y viene a mi farmacia y gasta el íntegro de su mensualidad en medicamentos para la hipertensión, para el colesterol, vitaminas y para la artrosis. Se queda sin ni un solo centavo.
Alberto, comenzó a entender, ahora sí, el sarcasmo y le dijo, cholo, pero no seas malo, acaso nunca se te ha ocurrido explicarle a Don Andrés que existen medicamentos genéricos que son de igual calidad y de mucho menor costo. Con esa información, el viejito ahorraría y le quedaría dinero para otras necesidades. Carlos le dijo, ya le he dicho hermano, pero no entiende, él dice que lo barato sale caro y que lo último que haría es desacatar una orden médica. Además que no le puedo insistir demasiado porque le puedo caer pesado y puede terminar comprando todo en la farmacia de enfrente. Alberto, le dijo, dirigiendo la mirada a lontananza y soñando ese día, cómo me gustaría tener unos 50 clientes así como Don Andrés, ya no abriría todos los días, sería un trabajo por la puras. Esperaría el día de pago de los gerontes, ese día les invitaría un almuerzo a todo dar y después que me entregaran sus sueldos, ganaría, en un solo día, 5,000 dólares. Tú sabes que mi ganancia es 30 % del total. Además, me ahorraría gastos en personal y otros rubros. ¡ Salud, mi hermano ¡
César, estaba en una zona rural, en el poblado de Cerro Blanco, situado en la carretera hacia Huaraz, una bella ciudad de la sierra norte del Perú. Estaba cumpliendo el SERUMS (el Servicio Urbano Marginal de Salud), que es una obligación para los médicos peruanos. Al graduarse los galenos están obligados a trabajar un año en zonas rurales. El villorrio no tenía calles asfaltadas y apenas tenía 6 manzanas en total, con su Plaza de Armas por supuesto. En el pueblo se había corrido la voz de que la plaza se llamaba así en honor a un hijo de Cerro Blanco, Don Francisco de Armas, quien hace muchos años, inició una travesía a lomo de bestia desde Cerro Blanco hacia Huaraz, para hacer camino al andar, a la cual llegó después de muchos días. Lo trágico es que contrajo una fiebre que después causó su muerte. Y en su homenaje le llamaron a la Plaza del pueblo con su apellido. La verdad es que esa historia nunca se comprobó ni se desmintió. Algunos jovencitos del pueblo que ya estaban estudiando secundaria se mofaban de ese relato y lo llamaban la tomadura de pelo de la historia.
César, era el médico del pueblo y no se merecía ningún respeto de los aldeanos. Él nunca se preguntó porqué, solo se acostumbró a sentir el desprecio cotidiano como una especie de saludo. Él permanecía trabajando de lunes a viernes en la aldea y los sábados iniciaba la travesía, que equivalía a una hazaña, hacia la ciudad de Paramonga para no olvidarse de la civilización. Caminaba dos kilómetros hacia las afueras del pueblo y se sentaba en un murito, a esperar impacientemente el paso de algún auto, camión o camioneta para pedir que lo saquen de ese atolladero. En una ocasión, pasó un camión que llevaba trabajadores de zafra de caña hacia la ciudad. Paró cerca de él, corrió y le pidió al conductor que lo lleve. Le dijo, amigo, soy el médico de Cerro Blanco y quisiera que me lleve, le pagaré. El chofer le dijo que no lo iba a llevar. César, pensó que era broma, y trató de aclarar la solicitud. Le dijo, disculpe, yo no deseo que me lleve en la cabina de pasajeros, que dicho sea de paso estaba vacía, aunque sea lléveme en la tolva de atrás. Y el chofer con todo el placer del mundo le dijo, no lo voy a llevar. César lo miró desconcertado, y ese día certificó el odio de los villanos hacia él o tal vez hacia todos los médicos. Lo volvió a mirar y recordó para siempre esa cara de sevicia con una extraña cicatriz en la frente que le cruzaba como un cauce y que le daba un aspecto de maldad que en ese momento lo graduaba de experto en esos menesteres.
César se lamentó de estar en esa situación. Y pensó, que huevón, yo pude haberme exceptuado de este Servicio de mierda, pero quise venir a servir a mi país y miren el trato que recibo de estos indios hijos de puta. La única esperanza era que el servicio duraba un año y ya le faltaban tres meses.
César esperó tres horas a la vera del camino y finalmente un ingeniero, muy gentilmente, lo llevó en la parte de atrás de una camioneta y tuvo la brillante oportunidad de sentir el frío (más ¿escalofriante?) de su vida provocado por la velocidad, la tolva descubierta y la ausencia de abrigo (apenas tenía puesta una chaqueta blanca de manga corta y muy delgada).
Pasaron los meses y un jueves a las 4 de la tarde, César estaba leyendo una revista en la sala de emergencias del Hospital Rural. Y agradecía la experiencia de haber realizado operaciones como la extirpación de apéndice y alguna cesárea. Con lo cual ya había salvado algunas vidas.
De pronto se escuchó que llegó una moto al pueblo y se estacionó frente al Hospital Rural. Bajó un joven y ayudó a entrar a un señor que caminaba a duras penas. El joven dejó sentado al doliente e ingresó gritando, doctor, doctor, por favor salve a mi padre, tiene un cólico que lo está matando. César le dijo al enfermero que lo traiga en silla de ruedas al paciente y lo coloque en una camilla. Luego se acercó a atenderlo, el paciente se retorcía de dolor y un rictus dominaba su cara y la deformaba. El primer diagnóstico en el que pensó fue apendicitis, que corroboró con un examen físico y con un hemograma. Se dispuso a operarlo cuando vió lo inolvidable, la cara de sevicia con una extraña cicatriz en la frente que le cruzaba como un cauce y que le daba un aspecto de maldad. Y, no pudo evitarlo, se le acercó y le dijo, amigo se acuerda de mí…haga memoria… la vera del camino…su camión…el pedido para que me lleve…y su negativa tajante…Usted tenía la sartén por el mango… El paciente empezó a sudar frío. Míreme bien, se acuerda de mí ¿o no? Usted …¿nunca se puso a pensar en la casa del jabonero?... ¿nunca se puso a pensar en que el mango de la sartén cambiaría de dueño?... ¿no reparó en las vueltas que da la vida, no? …Mírame bien indio de mierda, ahora ¡¡ Yo soy el chofer ¡¡. Yo solo necesitaba que me lleves a la ciudad y ahora tú solo necesitas que yo te salve la vida. Que increíble ¿no?... Y a todo esto …¿qué crees que debo hacer?
Muchachos, si habíamos pensado hacernos millonarios en unos 10 años, les doy un notición, seremos millonarios en apenas 2 años, como lo oyen, 2 años. El Dr. Villarreal, director de la clínica donde trabajaba Javier, apretaba frenéticamente la copa de champagne y desorbitaba los ojos para empezar a explicar a su cuerpo médico el camino corto y cómodo hacia lo más parecido a la felicidad, ser millonarios. Les dijo, muchachos, el laboratorio Tufarm nos vende la azitromicina a 10 dólares cada tableta. Y Dios nos ha puesto en el camino a un empresario farmacéutico hindú que nos ofrece la misma azitromicina a 50 centavos de dólar y me ofrece ponerle un nombre exclusivo de nuestra clínica para que no se confunda con la azitromicina que consumen los piojosos en los centros médicos del estado. Y aquí viene la idea genial que me la ha sugerido nuestro asesor financiero, la azitromicina se la venderemos a los seguros a 10 dólares cada una. Y así desfilarán los otros medicamentos, los antibióticos, los medicamentos para la presión arterial alta, para la diabetes, para el colesterol alto, para el reumatismo, para la osteoporosis. Nos llenaremos de plata.
Muchachos, ¡¡ Salud para Todos ¡¡

CUENTO CORTO: DE LA VERDAD Y OTRAS MENTIRAS. DE ALFREDO GUERRÓN.

Salgo de mi casa a las siete de la mañana. En el ambiente hay una fina garúa y hay un olor a lluvia pero en asfalto, ni siquiera en los jardines de las casas ese olor puede imitar en algo como aroman los campos. Veo al señor de todas las mañanas laborables subir a su 4 x 4 negra, con su gabán oscuro y su mirada inexistente. Sale con su esposa, una hermosa mujer muy joven y sus dos hijos, un varón, el mayor y una nena. Son una familia, definitivamente, condenada a ser feliz como lo son en el presente. Sólo se nota que mira cuando voltea el cuello porque siempre lleva puestos lentes oscuros. Es un señor que vive una vida apacible, que no se mete con nadie. Aparenta haber alcanzado el equilibrio que su vida necesitaba. Un ángulo recto a mi derecha. Llego al pasaje Calder y avanzo, me cruzo con una mujer que aparenta treinta y tantos años, con figura delgada, bien proporcionada, vestida con tenida deportiva y que pasa trotando rumbo a su jardín del edén deportivo, un gran parque situado a 150 metros en línea escalérica. Continúo, después de dos ángulos rectos derecha e izquierda, por una calle con nombre de escultor. Todo mi barrio (no se lo digan a nadie pero los vecinos no desean ni escuchar mencionar la palabreja “barrio”), tiene epónimos de escultores y veo a dos vigilantes uno en su caseta y el otro rondando o atento a la salida de los vecinos en sus autos para ofrecerse con suma diligencia a lo que necesite cada quien. Sale una mujer gorda con una cara de apenas uno o dos amigos (muy pocos) de su casa con un auto Suzuki nuevo. Se le nota segura y feliz. ¿Verdadero o Falso?
Falso. No es mi casa, es el lugar donde vivo. En esos terrenos adquirir una casa valdría muchos dólares que yo no podría pagar. La garúa ¡como jode¡ No tiene nada de parnásica, ensucia los zapatos, provoca resbalones, y demora llegar a la meta. El señor de los lentes oscuros fue un esbirro de la dictadura y tiene una compañía de seguridad. Está lleno de deudas, ostenta lujos y sobretodo está lleno de odios y de pesadillas. Con su propia mano fue (él dice que fue lo suficientemente valiente) autor de varios asesinatos incluidos mujeres y niños, casi todos indígenas de mierda que malogran este país. Además está casi impotente. Ha tenido la suerte de pasar inadvertido porque no hay testigos de sus latrocinios. Su esposa soporta el yugo de un marido violento y ni siquiera cumplidor de los mínimos deberes maritales. Está amedrentada, aterrorizada. Se dedica a su casa. Después de dejar a sus hijos va al gimnasio nuestro de cada día. En el barrio, ir al gimnasio, es la forma obligatoria de rezar. Hace aeróbicos y spinning para relajarse. Su instructor, un gay apolíneo con malla turquesa las alienta y las galantea. Ella se siente extrañamente atraída por él(o ¿por ella?) Cuando se imagina que su instructor la posee se pregunta quién es ella heterosexual o bisexual. ¿Le gustan los hombres o las mujeres? Lo mira descaradamente hacia la zona pudenda y él se pone nervioso. Ella acaba la sesión y se va a los baños y zona de camerinos. Espera ser la última en irse y lo ve ingresar a su instructor a la habitación contigua para cambiarse. Sale, ve que no hay nadie y se mete a verlo. Lo encuentra en truza, se le acerca y lo abraza algo llorosa, le dice que está nerviosa por lo que le pasa en su familia y siente la dureza de los músculos como el mejor afrodisíaco. Se arrodilla le baja la truza y le hace un fellatio como para ganar el Oscar. Cierran la puerta y él (o ¿ella?) la levanta como una pluma contra los casilleros, le abre las piernas, le arranca el calzón y atraviesa esos cálidos campos que nos regala el camino de la perdición. Ahora son dos caníbales queriendo arrancarse a mordiscos los labios, los pezones, son dos enemigos irreconciliables, empujándose con furia para arrancarse hasta la última gota de sus armas en ristre. Finalmente explota la lava y María convulsiona, desorbita sus ojos y se rompe las uñas al clavarlas en el metal de los casilleros. Se separan y se dan cuenta que tienen un gran problema entre manos, un secreto que no es fácil de guardar y menos de explicar. Ahora son una pareja dispareja, difícil de creer, amantes de camerinos. La mujer gorda es una catedrática universitaria, enseña leyes en una universidad particular (a esa universidad le dicen Disneylandia en mi país porque allí están los animales adinerados). Ella es totalmente insegura y para acorazarse se ha investido de seriedad y de un foso de inaccesibilidad para sus alumnos. Y trata de ser feliz pero nunca podrá serlo porque un maldito hijo de puta se burló de ella, le ofreció matrimonio. La felicidad se desbordaba, se iniciaron los preparativos, las despedidas, las envidias surgieron espontáneas y cuando ya las fechas se acortaban, el rufián le pidió prestados diez mil dólares para un negocio dizque de una mano a otra. Ella que vivía arrobada se los dio y solo se quedó, robada para siempre.

Ingreso al parque y lo cruzo, veo a una efigie de la Virgen María y a un coro de ancianas que prenden velas, oran, le piden a Dios que aplaque su ira, y luego inician el rosario a pesar de las inclemencias del tiempo. Veo a un señor mayor de setenta años sentado en una de las bancas y con la mirada perdida tal vez pensando en sus hijos, en sus nietos. Lo acompaña un perrito, que puede ser su mascota. Para llegar a mi primera meta, se cruza conmigo una mujer muy linda, con tenida de sastre, debe trabajar muy cerca aparentemente como secretaria. ¿Verdadero o Falso?
Falso. Las ancianitas son un coro de voces trémulas para la Virgen y ya se han provocado escaras en el pecho y algunas fracturas leves en las costillas de tanto golpearse el pecho. Le piden a su Dios castigador, a su Dios Atila que aplaque su ira porque están ocurriendo temblores en este país y eso no es otra cosa que la prueba de que a Dios se le ha salido el indio y se ha convertido en un energúmeno, un inverecundo de callejón. Y Él nos castiga moviendo las placas dice una senil que ha leído al respecto e intenta una explicación lógica. Y en sus casas las viejitas son la muerte, joden hasta más no poder. A las empleadas domésticas (su maldito prójimo que está frente a sus narices) las tratan peor que a zapatillas. No las dejan descansar, les sirven otra comida para ahorrarse el gasto, les impiden que estudien, se las sirven en bandeja de plata a sus hijos y hasta a sus nietos para que se inicien sexualmente con ellas y luego las botan como a perritas. Pero eso no molesta a su querido Dios Atila, en cambio los pecados del mundo sí lo molestan tremendamente. El señor de setenta años es un jubilado que poco a poco va extraviando los recuerdos. Ahora es un paseador de una mascota que no es de él. Es un rehén de sus hijos. Es el dueño de la casa pero la familia espera que se muera para vender el inmueble y repartirse a cuchillada limpia el dinero. Tiene un buen sueldo de jubilado, y felizmente para él, ese detalle hace que lo adoren por lo menos dos días al mes. Un día antes del día de pago lo bañan, lo peinan, le rasuran la barba y lo embalsaman (ya están practicando) con lociones y perfumes baratos. El día de pago le dan el desayuno que desea y luego lo llevan en taxi a cobrar. Él ve el dinero por apenas unos instantes, su hija mayor se lo pide y le explica que hay muchas cosas por pagar. Claro, si con su sueldo mantiene a casi toda la descendencia de sanguijuelas que viven en su casa. Le preguntan que desea almorzar y le preparan ese deseo mensual. A mediodía almuerza y le dan su juguito de frutas. Él llora de felicidad y cada vez quiere más a su familia.
Y la mujer linda, no trabaja como secretaria, está en un negocio más rentable. Es una de las más requeridas del prostíbulo clandestino A1 que está instalado en una casa de ese barrio bien. En verdad el parroquiano, paga lo que ve y lo excita, piernas bien torneadas, con unos pechos formidables que debe detenerlos un brassiere en una lucha a fuerza bruta. La carne salvaje de los senos trata de salir chúcara e indómita y el brassiere la detiene a duras penas pero lo que no puede es evitar que por encima de sus bordes salgan triunfantes los excesos de los pechos, que Dios nos regala para pecar y para ganarnos el infierno. Su cintura es de avispa con un trasero en cuyas caderas no se pone el sol. Y de cara es hermosa. Los gerentes llegan y solo la quieren a ella. Alguno ya está pensando en redimirla de ese valle de lágrimas y raptarla para sí y ser felices para siempre.

Después de un viaje corto en taxi llego a mi trabajo. Me cruzo con las técnicas en computación, unas chicas muy trabajadoras, con la chica que se encarga del aseo de los ambientes y está asignada a mi piso. Se le ve una chica humilde, diligente y honesta. Yo soy administrativo y luego veo pasar frente a mi oficina a una trabajadora que es una rata de cloaca. Yayita es la más corrupta de toda la institución donde trabajo y ahora se ha reciclado hábilmente y aparece como la abanderada de la integridad moral. Ha sido parte de un andamiaje de robos de dinero de los trabajadores durante muchos años. Y ahora quiere dar clases de moral, ética. Que tal concha. Es una ninfómana, y su vida privada no debería interesarnos, pero se come todo espécimen capaz de dar placer sexual, lo que interesa es que se mueva bien, sin importarle, sexo, edad, credo político o religioso. Y comete sus trapacerías en los recovecos del edificio, en las habitaciones aisladas. Todos saben de sus gemidos y de sus jadeos escandalosos. Ella es amplia, imparcial, y sobretodo pérfida por vocación. Se marquetea muy bien. Hay algunos que creen en su discurso y están lejos de sospechar lo lumpenesca que es. ¿Verdadero o Falso?
Verdadero.
Repasemos lo que he escrito, la vida misma, el presente, nuestros recuerdos ¿son Verdaderos o son Falsos? Todos tenemos un cristal para mirar el color de una situación. Al final las respuestas son personales. Los escritores nos alimentamos de algunas mentiras que vivimos y no vivimos, pero que no hacen daño a otros. Y muchas de las mentiras que dicen de nosotros son verdades.

CUENTO CORTO: SEREMOS POBRES PERO HONRADOS JAMÁS. DE ALFREDO GUERRÓN.

Yo vivo en un país de la puta madre. ¿Cómo dicen que en el Perú no hay oportunidades de surgir? Yo vendía pan y mi esposa vendía emoliente en una carretilla ambulante. Yo me dedico a pisar a mi mujer con saña, le he hecho 8 hijos. Cuando tenía 60 años, un médico se pasó de cojudo conmigo. Yo había llevado en febrero a la consulta a mi hijo más pequeño de 2 añitos. Y me hizo la pregunta estúpida, Don Miguel ¿es su nieto? y lo corregí inmediatamente, no, es mi hijo. Siguió con su “santa inquirición” y me dijo cuántos hijos tiene, yo le contesté, ocho. Y luego me preguntó intrigado ¿cómo hace usted para solventar los gastos de la época escolar? Y yo le dije, doctor, la verdad es que cada uno de mis hijos tiene su padrino y yo se los mando religiosamente en estas épocas a cada uno para que cumplan con sus deberes. Yo no soy ningún huevón, yo elijo padrinos a personalidades sobre todo pudientes. Cada padrino les compra los uniformes y su lista de útiles escolares y eso me soluciona los problemas cada año y por eso yo ya estoy pensando en completar la docena de criaturas. Porque me he dado cuenta que es más rico cachar y embarazar que cachar por las puras. Y además no tengo problemas económicos. Los niños son lindos, doctorazo.
Mi esposa es medio liera y respondona. Y esos defectos, quien lo diría, le han servido. Les explico, ella inscribió a mis hijos en el programa del Vaso de Leche del barrio. Este es un programa estatal para hijos de familias muy pobres creado para ayudar a combatir la desnutrición. Y, siguiendo mis consejos, comenzó a ayudarle a una alta dirigente y es así como aprendió el teje y maneje del programa y todas sus pendejadas. En muy poco tiempo mi mujer llegó a ser reconocida y escaló llegando a ser una alta dirigente del programa a nivel zonal. Tenía a su cargo 15 zonas. Entonces esa campanita, que solo la escuchamos unos privilegiados, nos anunció que había llegado la hora de hacer billete.
Toda la leche evaporada en tarro llegaba a mi casa, era un huevo (un montón) de leche, por lo que empezamos a escoger, unos tarros para el programa y un diez por ciento para nosotros. Era justo, nosotros trabajábamos varios años gratis para el programa, así es que, como una forma de cobrar algo de lo mucho que nos debía el estado, empezamos un negocio, que lo ubicamos lejos para evitar los comentarios envidiosos, de venta de postres (arroz con leche) en invierno y de marcianos (chupetes de leche en bolsas plásticas largas) en verano. Eso sí, ¡Por Diosito¡, lo juro, nunca vendimos la leche directamente, porque eso ya es un crimen y además es muy arriesgado. Tímidamente tomábamos un diez por ciento de la leche y nadie se dió cuenta. Luego ante la demanda por nuestros productos, tomamos el 20 % y luego el 30% de la leche. Y ahí si tuve que ponerme fuerte porque la ambición muchas veces mata los negocios. Yo le dije a mi mujer y a mis hijos mayores que el límite de lo que podíamos coger era 30% de los tarros de leche. Aceptaron a regañadientes. Es que echándole un tercio de agua más a la leche para el programa todavía las mamás no se daban cuenta. Algunas se dieron cuenta y tuvimos que transar con ellas y regalarles algunos tarros de leche para comprar su silencio. Y como personas inteligentes aceptaron. Felizmente que los responsables del programa somos personas muy inteligentes porque si no reventaría el escándalo y perderíamos todos.
Nos fue muy bien en el negocio a todos y ahora tenemos una casita de material noble de 3 pisos que construimos en un terreno nuestro. Las otras dirigentes también han construido sus casas y les he aconsejado que por fuera no hagan muchas luces (alarde). Que sus fachadas sean sobrias y que su sala sea humilde. Los equipos de sonido, los televisores LCD y las laptops deben estar en los dormitorios y no deben ser mostrados más que a personas de extrema confianza, y sobre todo no envidiosas.
La verdad es que muchas veces los niños no toman toda la leche que envía el gobierno, se desperdicia la leche y eso sí es criminal. Además hay muchas madres corruptas que ven con ojos lascivos los tarros de leche para robárselos y eso no lo podemos permitir porque bastante sacrificio nos ha costado que mi esposa sea una alta dirigente. Con ese discurso de la honradez, del honor, de la igualdad, de la probidad, y todas las palabras terminadas en “dad” nos han manipulado para que trabajemos gratis mientras que los funcionarios estatales del Vaso de leche se llenan de plata en las licitaciones. No tienen que trabajar tanto como nosotros, sencillamente transan con los proveedores y reciben su billetito en crudo y sin testigos.
¡Ya basta Carajo¡ nosotros no tenemos ningún pelo de cojudos, para cojudos basta y sobra con los bomberos voluntarios.
El otro día leí en un grafiti una frase genial que lo hago mía: “Seremos pobres pero honrados… ¡ Jamás ¡”.
Por eso digo que yo vivo en un país de la puta madre.