Yo soy un ladrón y para mí a mucha honra (deshonra dice la gente). Ser ladrón no es fácil. La gente critica basada en juicios de valor que en estos tiempos de globalización no tienen sentido. Todos robamos, unos más que otros. Los obreros, los gerentes, los profesionales, los políticos, los banqueros, los padres, los hijos, los religiosos, los países. Estamos en la cultura del robo.
Los obreros no trabajan lo que debieran amparados en bajos salarios que a su vez, son el robo de los gerentes y de los dueños de las empresas. Los banqueros ni que decir, pueden robar a su regalado gusto y si se les descubre resulta de necesidad nacional rescatarlos y es deber patriótico no juzgarlos a causa de un interés supremo, mantener la indemnidad del sistema financiero. El robo perfecto. Bien lo decía Brecht.
Los padres roban el tiempo que les corresponde a los hijos y se justifican diciendo que los tiempos están difíciles y que es menester trabajar cada vez más. Las empresas roban el tiempo familiar, han invadido con los celulares, la internet ese espacio vital en que la familia se desarrollaba y que proveía de un mínimo equilibrio para la personalidad de sus integrantes. Las empresas justifican su robo diciendo que la competencia es salvaje y que los trabajadores deben estar plenamente identificados y dispuestos las 24 horas para colaborar. Los horarios resulta que ahora son defectos arcaicos que deben superarse en la hora actual para acceder al desarrollo que es otro robo. Los países se desarrollan cuando uno le roba al otro. Así que debemos prepararnos para robar.
También los padres se justifican diciendo que no interesa la cantidad de tiempo que les entregan a sus hijos, y dicen que lo que interesa es la calidad del tiempo que dan a su prole. En esa lógica, que es un robo descarado, se va a llegar al minuto semanal ofrendado de los padres para sus hijos pero un minuto completamente denso, completo, cabal, entero, casi con el peso gravitatorio de un agujero negro.
Y los religiosos roban nuestra libertad de creer en lo que deseamos libremente o no creer en nada que ya es creer. Nos infunden miedo, ergo nos roban la valentía.
Así que no se extrañen que yo tenga el orgullo de ser ladrón, pero no un simple ladrón, soy un predador y me considero un artista en este quehacer. Me despierto a las seis de la mañana desayuno algo frugal y luego busco a mis amigos con los que trabajo en equipo. Nos estacionamos en una esquina. Esperamos pacientemente. Soportamos las miradas de los que nos reconocen, nos da algo de vergüenza pero que le vamos a hacer, ese es nuestro trabajo. Ser ladrón no es fácil, la gente habla estupideces. Haber, quiero verlos que vengan a ganarse la vida robando a nuestro estilo y les aseguro que no sacarán ni para un pan. En cambio ellos roban más sutilmente en todos los demás ámbitos que les he mencionado. Nosotros debemos soportar el frío, el chantaje de los serenos, de la policía. A veces otros grupos ( ¿ puedo llamarlos colegas sin que se rían ? Se dan cuenta ni siquiera nos toman en serio) invaden nuestro territorio y es necesario aclarar muy virilmente con ellos los límites porque si no perdemos nuestro posicionamiento en este mercado, que varios años de esfuerzo nos ha costado.
Recuérdenlo ser ladrón no es fácil. Nosotros tratamos de no hacer daño, abordamos personas descuidadas, arrebatamos teléfonos celulares previa constatación de su valor para que sea rentable, monederos, carteras, bolsas de compras, aretes de oro. Muchas veces nos estafan, podría decirse, brilla como oro, se ve como oro, se luce como oro, la hace bonita a la chica, como el oro y cuando nuestro amigo reducidor le vierte el ácido para comprobar su nobleza resulta que no es oro. Trabajo por las puras. ¿Quién ha robado a quién?
Toda la mañana estamos analizando movimientos y tomando decisiones, manejamos un lenguaje no verbal casi perfecto, ademanes, silbidos. Y también nos desplazamos cuando se aparecen los policías y los serenos. Felizmente sabemos sus horarios de relevo y aprovechamos al máximo esas horas para trabajar libremente. A mediodía hacemos un alto para almorzar. Yo rezo antes de tomar mis alimentos y le agradezco a Dios porque provee para mis necesidades y las de mi familia. Yo soy responsable. El dinero que obtengo lo llevo para mis criaturas y a veces disfruto con algunas chicas un momento de relax sobretodo los sábados por la tarde. Nosotros los ladrones no tenemos seguro social, ni jubilación, ni vacaciones y así dicen que ¿es fácil ser ladrón? Un poco más de respeto. Creo que tengo la suficiente autoridad moral para reclamar un trato diferente.
Muchos de mis trabajos ocurren sin que la persona se dé cuenta, pero eso es arte y el arte no se aprende de la noche a la mañana. Es un acúmulo de experiencias, incorporación a tu personalidad de los consejos de tus padres, de tus profesores, en el sentido de que lo que hagas en tu vida házlo bien. Muchas veces he pensado que en varios de mis trabajos me han debido aplaudir y la gente ha maldecido. Es increíble. Yo soy un ladrón y reclamo consideración porque somos colegas todos, unos más que otros.
Después de almorzar un menú barato, salimos a trabajar nuevamente. Subimos a los medios de transporte masivo, analizamos las posibilidades de éxito. A veces me distrae algún culo formidable. Esa es otra de mis habilidades artísticas, una especie de radar localizador de culos, pero ¡ Qué culos ¡. Lamentablemente esta habilidad se convierte en defecto porque muchas colisiona con la concentración que exige mi serio trabajo de robar y muchas veces me ha hecho perder plata por quedarme embelesado con un trasero de orgía.
Alguna vez, cuando me ha ido mal o regular, le he pedido a Dios que me envíe un regalo y casi al final del día se ha aparecido un señor con una apariencia de jubilado saliendo del banco y con el bolsillo hinchado. Junto mis manos, cierro mis ojos, elevo mi rostro y le agradezco a mi Dios Todopoderoso. Lo seguimos a nuestro elegido y en el momento preciso lo abordamos y lo bolsiqueamos. Nos salva el día, lo cual agradezco muy sinceramente a nuestro Creador. Al fin Dios es un padre y los buenos padres como él perdonan y aún más, proveen.
Mi máximo héroe es Dimas, el buen ladrón, pero la verdad no quiero morirme tan rápido y menos crucificado. Dimas llevó a nuestra profesión a los niveles más inimaginables y eso se venera. ¿Qué si quiero que mis hijos sean ladrones como yo actúo o ladrones de otro tipo ? No lo sé. En todo caso los voy a apoyar para que sean los ladrones del tipo que deseen.
Yo les dije soy un ladrón y no me avergüenzo, y sobretodo soy un artista, actúo sin que nadie se dé cuenta. Incluso pude arrebatarles en este mensaje algunos minutos de su tiempo y recién lo notaron. Por eso digo que ser ladrón es mi vocación.
VIDEOS KARAOKE PARA QUE LOS AFICIONADOS DEL MUNDO DE ESTE BELLO ARTE PRACTIQUEN HASTA LA MAESTRÍA Y COMO EJEMPLOS, CANCIONES CANTADAS POR EL BLOGGER.
viernes, 2 de marzo de 2012
CUENTO CORTO: "TURBÁNDOME MÁS" DEL BLOGGER ALFREDO.
Porque a mi mujer la habrán criado tan puta. ¿Las putas nacen o se hacen? ¿Las mujeres son putas o se hacen?
Mi esposa es una mujer guapa con un rostro atractivo y unas carnes imanes de lujuria. Ella aparenta no darse cuenta de la saliva de los lobos que derraman como una pleitesía a su estela estrogénica.
Desde que me enamoré empezó mi calvario. Ella lleva la coquetería a la expresión más excitante, a la mínima expresión. Se hace la que con ella no es. Yo he sobrellevado estos años con estoicismo, algunas veces le he reclamado pero ella sale indemne con sus llantos y con su invitación a que vayamos al sicólogo. ¿Que le voy a explicar al profesional, que a mi mujer no puedo controlarla y que si le pongo un guardián las 24 horas del día terminará acostándose con su cancerbero?
Mi mujer se hace la cojuda, siempre tiene pretextos. Rápidamente hace migas con cualquiera, con el vigilante que nos cuida la cuadra donde vivimos, con el vendedor del mercado, con el taxista. Se consigue sus números de teléfonos celulares y los trata con una familiaridad cínica. Cuando yo la acompaño está nerviosa porque repentinamente cualquiera la llama Cecy. Ni siquiera les ha enseñado a que la respeten, claro, ese es su juego, una invitación a la irreverencia. Y que casualidad, todos los que están familiarizados con ella son hombres. Casi no trata con mujeres. Pero ya está pasando los límites de la ribera opuesta del Rubicón.
Hace poco vino un amigo mío de la infancia al que no veía hace más de 10 años. Y yo ví que se cruzaban miradas cómplices entre los dos. Así que me tracé un plan, lo invité a mi amigo un sábado y justo antes de que llegara me hice el que salía a comprar pan. Me puse en un parque que colinda con mi casa a observar. Llegó mi amigo, tocó el timbre y salió mi esposa y ví que se portó inusualmente cortés lo saludó con un beso en la mejilla y lo hizo pasar. Cerraron la puerta. La ventana de mi sala es amplia y estaba abierta por el calor del estío. Yo me puse en la glorieta del parque a observar con mis catalejos a las aves que pululan por allí y discretamente con los prismáticos vigilaba la sala de mi casa. Ellos charlaban animadamente. ¿Qué charlaban? Nada bueno. Conociendo a mi esposa seguro que ella ya le había dado riendas para tratar temas íntimos, personales. Porque se reían, como que se burlaban de alguien. Le estaba contando acaso que yo ronco y que no la dejo dormir. Él le estaba diciendo entonces que duerma en otra parte, que de vez en cuando se escape a un hotel. Que él conocía un hotel bastante bueno y módico en costos. Es decir tempranito nomás, llegaban al tema de la alcahuetería y el puterío.
Regresé de comprar y lo saludé a mi amigo. Después mi esposa nos sirvió una bebida y unos emparedados. Y me dí cuenta que se había cambiado de ropa, se había puesto una blusa recontra escotada, como dicen una invitación al sufragio japonés (a la erección) y un pantalón blanco apretadísimo y que le traslucía su ropa interior. Una descarada. Cuando nos servía la bebida y se agachaba los senos se le salían del brassiere y los ojos de mi amigo se desorbitaban. Apenas se fue mi amigo, la increpé que como era posible que sea tan prostituta de vestirse así sólo para que se la quieran montar. Ella me gritó defendiendo lo indefendible. Me dijo que basta, que hasta cuando yo le iba a crear estas escenas, que nuestros hijos ya estaban grandes y que ella nunca me había faltado el respeto. Y finalmente, el viejo truco, lloró. Con eso, otra vez, quedé como el malo de la película.
Me dije, a estos pendejos me los descubro in fraganti, y para ello ideé un plan. Yo tengo un reproductor de video MP4 de muy poco grosor, que además es grabador de voz, puede grabar todo lo que le permite la batería en 2 horas, es pequeño y no hace ruido. Invitaría a mi amigo a cenar y los dejaría solos un buen rato pero previamente dejaría debajo del sofá el reproductor de MP4 que sería el encargado de grabar todas sus alcahueterías.
Pasaron los días y lo invité nuevamente a mi amigo y le dije que se viniera con su enamorada para el sábado para almorzar. Para suerte mía, mis hijos se habían ido a un retiro religioso fuera de la ciudad. Entonces íbamos a estar solos los cuatro. Pero si Roberto no traía a su enamorada ya estaba “medio pecho comido” solo faltaba ampayarlos. Y ¿que creen? Mi amigo se apareció solo en mi casa y nos comentó que nos agradecía pero que su enamorada estaba indispuesta y que no iba a acudir a esta invitación. Yo serví pisco para que hierva la sangre y les dije voy a comprar unos tamalitos verdes para acompañar el almuerzo. Ya regreso. Y me fui. Seguro que apenas me había retirado, él la comenzó a desvestir con la mirada y ella lo hizo con sus manos y luego se entregaron al único freno que pone fin al pecado, el desenfreno. Harían el amor en el sofá, él le taparía la boca para evitar el escándalo y luego se calmarían. Retomarían la cordura totalmente arrepentidos de haberla retomado. Se acomodarían y me esperarían con un hálito judásico.
Demoré unos 30 minutos, lo suficiente para que el temor de verse descubiertos eleve al máximo la lujuria. Al regresar los ví tranquilos e investigué algún lenguaje de señas entre ellos y no lo descubrí. Almorzamos, conversamos de antaño, nos reímos. Después Roberto gentilmente se despidió. Cecy me dijo, cholo, voy a descansar, por favor me lavas los platos. Y se fue a dormir.
Qué descarada, aunque sea hubiera fingido que estaba entera para despistarme. Cuando estuve seguro que ella no regresaría moví el sofá, y saqué el MP4. Me lo llevé al baño, le puse los audífonos, busqué el archivo de audio y le dí el play del deshonor. Lo escuché y extrañamente no hubo ninguna conversación alusiva a pareja ni jadeos ni susurros. ¡¡Qué vivos¡¡ Se habían dado cuenta de que estaban siendo grabados y habían dejado el sexo para otra ocasión. En un momento se escuchó en la grabación un silencio de 3 minutos. Seguro que en ese momento por señas habían acordado verse en otro lugar.
Y antes de que planeara esta nueva tarea pendiente, me dí tiempo para disfrutar con mis propias manos, turbándome más y viceversa.
Mi esposa es una mujer guapa con un rostro atractivo y unas carnes imanes de lujuria. Ella aparenta no darse cuenta de la saliva de los lobos que derraman como una pleitesía a su estela estrogénica.
Desde que me enamoré empezó mi calvario. Ella lleva la coquetería a la expresión más excitante, a la mínima expresión. Se hace la que con ella no es. Yo he sobrellevado estos años con estoicismo, algunas veces le he reclamado pero ella sale indemne con sus llantos y con su invitación a que vayamos al sicólogo. ¿Que le voy a explicar al profesional, que a mi mujer no puedo controlarla y que si le pongo un guardián las 24 horas del día terminará acostándose con su cancerbero?
Mi mujer se hace la cojuda, siempre tiene pretextos. Rápidamente hace migas con cualquiera, con el vigilante que nos cuida la cuadra donde vivimos, con el vendedor del mercado, con el taxista. Se consigue sus números de teléfonos celulares y los trata con una familiaridad cínica. Cuando yo la acompaño está nerviosa porque repentinamente cualquiera la llama Cecy. Ni siquiera les ha enseñado a que la respeten, claro, ese es su juego, una invitación a la irreverencia. Y que casualidad, todos los que están familiarizados con ella son hombres. Casi no trata con mujeres. Pero ya está pasando los límites de la ribera opuesta del Rubicón.
Hace poco vino un amigo mío de la infancia al que no veía hace más de 10 años. Y yo ví que se cruzaban miradas cómplices entre los dos. Así que me tracé un plan, lo invité a mi amigo un sábado y justo antes de que llegara me hice el que salía a comprar pan. Me puse en un parque que colinda con mi casa a observar. Llegó mi amigo, tocó el timbre y salió mi esposa y ví que se portó inusualmente cortés lo saludó con un beso en la mejilla y lo hizo pasar. Cerraron la puerta. La ventana de mi sala es amplia y estaba abierta por el calor del estío. Yo me puse en la glorieta del parque a observar con mis catalejos a las aves que pululan por allí y discretamente con los prismáticos vigilaba la sala de mi casa. Ellos charlaban animadamente. ¿Qué charlaban? Nada bueno. Conociendo a mi esposa seguro que ella ya le había dado riendas para tratar temas íntimos, personales. Porque se reían, como que se burlaban de alguien. Le estaba contando acaso que yo ronco y que no la dejo dormir. Él le estaba diciendo entonces que duerma en otra parte, que de vez en cuando se escape a un hotel. Que él conocía un hotel bastante bueno y módico en costos. Es decir tempranito nomás, llegaban al tema de la alcahuetería y el puterío.
Regresé de comprar y lo saludé a mi amigo. Después mi esposa nos sirvió una bebida y unos emparedados. Y me dí cuenta que se había cambiado de ropa, se había puesto una blusa recontra escotada, como dicen una invitación al sufragio japonés (a la erección) y un pantalón blanco apretadísimo y que le traslucía su ropa interior. Una descarada. Cuando nos servía la bebida y se agachaba los senos se le salían del brassiere y los ojos de mi amigo se desorbitaban. Apenas se fue mi amigo, la increpé que como era posible que sea tan prostituta de vestirse así sólo para que se la quieran montar. Ella me gritó defendiendo lo indefendible. Me dijo que basta, que hasta cuando yo le iba a crear estas escenas, que nuestros hijos ya estaban grandes y que ella nunca me había faltado el respeto. Y finalmente, el viejo truco, lloró. Con eso, otra vez, quedé como el malo de la película.
Me dije, a estos pendejos me los descubro in fraganti, y para ello ideé un plan. Yo tengo un reproductor de video MP4 de muy poco grosor, que además es grabador de voz, puede grabar todo lo que le permite la batería en 2 horas, es pequeño y no hace ruido. Invitaría a mi amigo a cenar y los dejaría solos un buen rato pero previamente dejaría debajo del sofá el reproductor de MP4 que sería el encargado de grabar todas sus alcahueterías.
Pasaron los días y lo invité nuevamente a mi amigo y le dije que se viniera con su enamorada para el sábado para almorzar. Para suerte mía, mis hijos se habían ido a un retiro religioso fuera de la ciudad. Entonces íbamos a estar solos los cuatro. Pero si Roberto no traía a su enamorada ya estaba “medio pecho comido” solo faltaba ampayarlos. Y ¿que creen? Mi amigo se apareció solo en mi casa y nos comentó que nos agradecía pero que su enamorada estaba indispuesta y que no iba a acudir a esta invitación. Yo serví pisco para que hierva la sangre y les dije voy a comprar unos tamalitos verdes para acompañar el almuerzo. Ya regreso. Y me fui. Seguro que apenas me había retirado, él la comenzó a desvestir con la mirada y ella lo hizo con sus manos y luego se entregaron al único freno que pone fin al pecado, el desenfreno. Harían el amor en el sofá, él le taparía la boca para evitar el escándalo y luego se calmarían. Retomarían la cordura totalmente arrepentidos de haberla retomado. Se acomodarían y me esperarían con un hálito judásico.
Demoré unos 30 minutos, lo suficiente para que el temor de verse descubiertos eleve al máximo la lujuria. Al regresar los ví tranquilos e investigué algún lenguaje de señas entre ellos y no lo descubrí. Almorzamos, conversamos de antaño, nos reímos. Después Roberto gentilmente se despidió. Cecy me dijo, cholo, voy a descansar, por favor me lavas los platos. Y se fue a dormir.
Qué descarada, aunque sea hubiera fingido que estaba entera para despistarme. Cuando estuve seguro que ella no regresaría moví el sofá, y saqué el MP4. Me lo llevé al baño, le puse los audífonos, busqué el archivo de audio y le dí el play del deshonor. Lo escuché y extrañamente no hubo ninguna conversación alusiva a pareja ni jadeos ni susurros. ¡¡Qué vivos¡¡ Se habían dado cuenta de que estaban siendo grabados y habían dejado el sexo para otra ocasión. En un momento se escuchó en la grabación un silencio de 3 minutos. Seguro que en ese momento por señas habían acordado verse en otro lugar.
Y antes de que planeara esta nueva tarea pendiente, me dí tiempo para disfrutar con mis propias manos, turbándome más y viceversa.
CUENTO CORTO:"SIN UN ADIOS" DEL BLOGGER ALFREDO GUERRÓN.
Abuelita, ayer fui a tu casa a saludarte. Me recibiste como solo tú sabes hacerlo. Siempre me has dicho que soy la reina y ya estoy convencida. Me permitiste desordenar todas tus cosas, tus tejidos, tus manteles pintados, tus álbumes de fotos, los recuerdos de tus hijas. Luego me preparaste el jugo de ciruela que tanto me gusta y me llamaste al sillón de la sala para sentarnos a conversar.
Me dejaste que me acueste en tu regazo y acariciaste mi cabeza con tus manos que resbalaban sobre mis cabellos. Y yo fui muy feliz.
Conversamos de muchas cosas, me contaste de un pretendiente que tuviste, del colegio donde estudiaste y del cariño que se tienen entre varias amigas de tu promoción. Yo te conté de mis estudios, de mis amigos y de mis clases de marinera, y me pediste que bailara para ti. Por supuesto que lo hice y cuando me veías yo pensaba que esa era la taquilla que quería para mi espectáculo, ni más ni menos. Acabé de bailar y después acabó la música. Yo te expliqué que eso no debía suceder y que era porque todavía soy aprendiz. Tú me dijiste, mi reina, no te preocupes, todos somos aficionados, la vida no da para más. Eso lo dijo Charles Chaplin. Cuando acabé mis evoluciones, tú me aplaudiste con sonoridad, con entusiasmo, con mucha alegría y me hiciste sentir como una gran bailarina.
A las 9 de la noche, mamá pasó a recogerme. Me diste un beso y un abrazo muy largo ¿no querías que me vaya?
En los días siguientes, cuando pregunté por ti, mamá me dijo que esa misma noche, la joven que vive contigo contó que te llevaste las manos a la cabeza, gritaste (de dolor ¿no mamita?) y luego te llevaron al hospital.
Abuelita ahora que han pasado varios meses, yo pienso que decidiste el camino más triste para despedirte. Te fuiste sin más.
Han pasado varios días y no he sabido mucho de ti. Te extraño mucho. Me están llevando a una sicóloga que me dice que las personas que queremos pueden enfermarse incluso muy gravemente y morir, pero que debemos aceptar las cosas porque la vida es así. Y entre tanto tú no vienes, abuelita.
Yo le pregunto a mamá que porque no regresas a casa. La veo llorando y me dice que estás enfermita y que ya vas a venir. Yo le insisto que cuándo será, que día. Y mamá se molesta y me cambia de tema. Abuelita mañana voy a cumplir 11 años y no estás.
Abuelita me han dicho que ya estás en casa y ése es el mejor regalo que Dios me tenía reservado. Pues, me he puesto bonita con un vestido que me regalaste, he cortado unas flores del jazmín de mi casa y las he sembrado en mis sienes; todo para celebrar que puedo verte otra vez.
Abuelita, por eso te digo que elegiste el camino más cruel para irte. Allí estás en tu silla de ruedas, me ves, sonríes, te has olvidado de hablar y también te has olvidado de nosotros. No reconoces a nadie. Sonríes sin motivo.
Sí abuelita, ya te fuiste para siempre y ni siquiera te despediste de mí.
Pero tu presencia que ya no es, es nuestro único consuelo. Solamente que nosotros podemos quererte, y tú no. Solamente que nosotros nos alegramos de tenerte y tú no. Solo que a nosotros nomás nos duele tu partida y a ti no.
Me dejaste que me acueste en tu regazo y acariciaste mi cabeza con tus manos que resbalaban sobre mis cabellos. Y yo fui muy feliz.
Conversamos de muchas cosas, me contaste de un pretendiente que tuviste, del colegio donde estudiaste y del cariño que se tienen entre varias amigas de tu promoción. Yo te conté de mis estudios, de mis amigos y de mis clases de marinera, y me pediste que bailara para ti. Por supuesto que lo hice y cuando me veías yo pensaba que esa era la taquilla que quería para mi espectáculo, ni más ni menos. Acabé de bailar y después acabó la música. Yo te expliqué que eso no debía suceder y que era porque todavía soy aprendiz. Tú me dijiste, mi reina, no te preocupes, todos somos aficionados, la vida no da para más. Eso lo dijo Charles Chaplin. Cuando acabé mis evoluciones, tú me aplaudiste con sonoridad, con entusiasmo, con mucha alegría y me hiciste sentir como una gran bailarina.
A las 9 de la noche, mamá pasó a recogerme. Me diste un beso y un abrazo muy largo ¿no querías que me vaya?
En los días siguientes, cuando pregunté por ti, mamá me dijo que esa misma noche, la joven que vive contigo contó que te llevaste las manos a la cabeza, gritaste (de dolor ¿no mamita?) y luego te llevaron al hospital.
Abuelita ahora que han pasado varios meses, yo pienso que decidiste el camino más triste para despedirte. Te fuiste sin más.
Han pasado varios días y no he sabido mucho de ti. Te extraño mucho. Me están llevando a una sicóloga que me dice que las personas que queremos pueden enfermarse incluso muy gravemente y morir, pero que debemos aceptar las cosas porque la vida es así. Y entre tanto tú no vienes, abuelita.
Yo le pregunto a mamá que porque no regresas a casa. La veo llorando y me dice que estás enfermita y que ya vas a venir. Yo le insisto que cuándo será, que día. Y mamá se molesta y me cambia de tema. Abuelita mañana voy a cumplir 11 años y no estás.
Abuelita me han dicho que ya estás en casa y ése es el mejor regalo que Dios me tenía reservado. Pues, me he puesto bonita con un vestido que me regalaste, he cortado unas flores del jazmín de mi casa y las he sembrado en mis sienes; todo para celebrar que puedo verte otra vez.
Abuelita, por eso te digo que elegiste el camino más cruel para irte. Allí estás en tu silla de ruedas, me ves, sonríes, te has olvidado de hablar y también te has olvidado de nosotros. No reconoces a nadie. Sonríes sin motivo.
Sí abuelita, ya te fuiste para siempre y ni siquiera te despediste de mí.
Pero tu presencia que ya no es, es nuestro único consuelo. Solamente que nosotros podemos quererte, y tú no. Solamente que nosotros nos alegramos de tenerte y tú no. Solo que a nosotros nomás nos duele tu partida y a ti no.
CURSO DE KARAOKE - PRÁCTICA N° 19: "VÍVEME" DE LAURA PAUSINI.
POSTEO ESTE GRAN TEMA DE LA CANTANTE ITALIANA EN TONO PARA VARÓN.
"QUE GANAS" CANTADA POR EL BLOGGER ALFREDO GUERRÓN.
TEMA MUY DIFÍCIL, HE TENIDO QUE BAJARLE VARIOS SEMITONOS PARA PODER INTERPRETARLO. ES QUE MONTANER ES UN FUERA DE SERIE Y NOSOTROS UNOS SIMPLES MORTALES.
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